Con mellizos + 1: ¡aún seguimos vivos!

mellizos + 1

En julio del año pasado escribía la última entrada de este blog: empezaba con la papilla de frutas. No entendía por qué no le gustaba algo que estaba tan bueno, algo que le gustaba tanto a mis mellizos (ver las papillas de mis mellizos aquí). Ahora he entendido que  a la niña no le gustan los sabores ácidos, sólo le gusta la fruta “dulce” y de vez en cuando. En general, tolera mucho mejor la compota que es mucho más dulzona.

La verdad es que, bastante ingenuamente por mi parte, pensé que la parte más dura la pasaría al principio, cuando el bebé y los niños fueran más pequeños. Que a los 6 meses todo iría mejorando y podría plantearme muchas más cosas. Pensé que con la lactancia superada, establecidas unas rutinas y los niños un poco más grandes, todo sería mucho más sencillo. Lejos de esos pensamientos tan felices, la realidad fue que el día a día se hizo más duro: los niños aún no son suficientemente independientes y la niña cada vez reclama más atención, a parte de ir a un ritmo diferente.

Dejé el trabajo

A todo el mundo al que se lo había explicado no entendía por qué dejaba la faena: me plantaba en el paro, sin ingresos y con 3 niños tan pequeños. Supongo que porque nadie entendía la situación tan bien como yo. Y yo nunca vi tan claro que aquella era una etapa de mi vida que ya había alargado suficiente y que tenía que acabar. Aún ahora no dejo de alegrarme por esa decisión que tanto me costó tomar: tuvo que venir mi pequeño bebé a abrirme más los ojos para que viera claro mi futuro.

lo dejo

Elegir una escuela para los mellizos

Y llegó la hora en que teníamos que elegir una escuela para los mellizos. Fuimos a las jornadas abiertas de las escuelas que teníamos en mente y algunas nos gustaron más que otras. Lo más duro para nosotros fue tener que admitir que no podíamos pagar la escuela donde pensamos que nuestros hijos recibirían la mejor educación, ya que ésta es concertada y, si vas sumando, nada te quita tener que pagar muuuchos euros al mes por cada niño (¡y ya no cuento con las extraescolares!). Y no, estas escuelas no hacen ningún descuento “sustancial” a familias numerosas.

Y cuando tienes 3 niños y piensas en pagar unos lo que sería como una “hipoteca muy alta” mensualmente durante lo que pueden ser 15 años… las cuentas no te salen. Quizás puedas pagar esa cantidad haciendo un gran esfuerzo, pero nadie te dice cuál va a ser tu situación en un futuro y te planteas si siempre vas a poder hacer frente a eso. A eso, sumando con el golpe de realidad en el que yo me encontraba acabando de dejar la faena, nos hizo dar un vuelco importante a nuestra decisión final.

Así que nuestra opción fue, finalmente, optar por una escuela pública. Hasta el día de hoy y aunque, evidentemente, nos gustaría que muchas cosas fueran de otra forma, no creemos que nuestra elección haya sido mala, al contrario. ¡Ojalá todo fueran escuelas públicas y todo el dinero en educación se invirtiese en ellas!

Las vacaciones con mellizos + 1

Y así, con un futuro laboral incierto o, más bien, con un tiempo para replantearme mi vida laboral, llegaron las vacaciones. Viendo todas las circunstancias en las que nos encontrábamos, decidimos no hacer nada especial: irnos de viaje con 3 niños tan pequeños podría ser un infierno… o siendo optimistas, un pequeñísimo paraíso. Así que decidimos quedarnos en casa y hacer pequeñas escapadas a la playa, salir a tomar algo a las terrazas…

La verdad es que tengo un recuerdo borroso de las pasadas vacaciones. Recuerdo los días que fuimos a la playa (pocos), pero no mucho más. Lo que más recuerdo es que, pasaban los meses y veía que aún no me había “recuperado” de aquellas vacaciones. Y, como se puede ver, ¡tampoco recuperé el ritmo de escribir en el blog desde entonces!

Vacaciones-en-el-infierno

Nuevo trabajo

Me había propuesto empezar a buscar más activamente trabajo cuando la niña cumpliera el año. Así, dejarla en la guardería sin que fuera tan pequeña. Pero encontré un trabajo al cabo de 2 meses de estar en el paro. Me lo estuve pensando bastante. Pero el nuevo proyecto y, finalmente, las condiciones laborales muy flexibles, hicieron que me decidira. Aposté, pues, por hacer una inversión en mi carrera laboral que pudiera amortizar. Sobre todo en un futuro próximo cuando me pudiera dedicar con más tiempo.

A finales de septiembre del año pasado inicié un nuevo proyecto del que aún hoy formo parte. Actualmente, sigo trabajando en casa la mayoría de días. Hago 7 horas al día. Todo esto me permite compaginar mi vida laboral con las responsabilidades familiares.

Estoy muy contenta porque me está permitiendo aprender muchas cosas nuevas y, a pesar de que a veces me parece imposible llegar a todos sitios, lo acabo haciendo no sé cómo. nuevo trabajo

Adaptación a la escuela

Llegó septiembre y empezó la nueva escuela. Después de estar el pasado curso (P2), desde septiembre hasta marzo llorando en la guardería cada vez que los dejaba, no tenía muy buenas perspectivas con la de nuevo adaptación a la escuela. Y bueno, la verdad es que no fue tan malo. Se pasaron un par de meses un poco más duros, llorando a la entrada y con malas caras al irlos a buscar (aunque las profesoras me aseguran que durante el día están estupendamente). Luego ya todo fue más fácil.

Sigo pensando que cuando entran a la escuela los niños se llevan un golpe duro. Lo que era antes un entorno protegido (bien en casa o bien en la guardería) y muy bien cuidado, ahora es la selva. Tienen que manejarse entre otros 24 niños y normalmente sólo hay una profesora en clase. Esto lo hacen porque tienen que empezar a ser autónomos e independientes. Y yo no digo que no, pero a mi me parece un tanto brusco. Además de que se carecen de los recursos (muchos niños muy pequeños, pocas profesoras). Podría ser un poco más gradual durante el curso.

Pero lo peor ya ha pasado. Durante estos meses se han ido adaptando y, la verdad, han hecho un cambio bastante grande. Muchos días tienen ilusión por ir al cole (menos a primera hora cuando se despiertan y tienen sueño). Y les gusta y casi les emociona todo lo nuevo que aprenden. Y, además, el año que viene espero que no tengamos el esfuerzo de la adaptación a la escuela. Aunque algún cambio habrá que tengan que superar (cambio de profesora, de aula…).

Es muy bonito verlos crecer.

Cambio de piso

A todo esto, se dieron las circusntancias para que  nos tuviéramos que cambiar de piso. Llevábamos unos meses buscando, pero la oferta de pisos en el mercado hacía ya unos meses que se había complicado y cada vez todo estaba peor: menos pisos y más caros. Además, ya que teníamos que cambiar, queríamos acercarnos un poco más a la zona del cole, pero nos fue del todo imposible. Así que elegimos el piso que sería “el mal menor” y estamos a la espera de que en un futuro cercano podamos, ya sí, vivir más cerca de la escuela, que es el eje a partir del cual va a girar nuestra vida en unos cuantos años…

La niña se va la guardería

A pesar de que lo fui retrasando lo más que pude, la niña acabó entrando en la guardería hace unos dos meses. Así que otra adaptación. Dejar a la niña llorando cada día e ir a buscarla y encontrarla con la cara medio desencajada. Señal de que había estado llorando más de la mitad del día. Y de que estaba tan nerviosa que no había podido casi descansar (dormir).

Pero parece que también lo hemos superado. La niña lleva ya un par de semanas que se encuentra bastante a gusto en el centro. Aunque sigo pensando que es muy pequeña para estar tantas horas fuera de clase. Y que, además, más que ella, ahora mismo, quien más necesita que vaya a la guardería soy yo. ¡A mí me cuesta más superarlo que a ella!

Y, al igual que los niños, espero que el próximo curso la adaptación sea más light. Que todo sea más sencillo.

Cambios y más cambios!

Como se puede ver, no hemos parado de tener cambios. Se acercan las vacaciones y los niños tienen súper vacaciones, aunque no los adultos: ¿nadie se había dado cuenta? Y llega la hora de pensa dónde van a pasar el tiempo que nosotros no podamos estar con ellos. Y en esas estamos…

Se acercan las vacaciones y hemos pensado tirarnos a la piscina. Pero de forma literal: nos vamos una semana a un apartamento, ¡a ver cómo va la cosa!

Pero sobre todo lo que quiero es tranquilidad, no quiero más cambios en mucho tiempo, ¡por favor! (O si son cambios, del tipo que me tocan los euromillones o algo así…) Pero lo más importante es que, ¡aún seguimos vivos!

 

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